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A punto de cumplir casi seis años entre nosotros, D. Vicente finaliza su ministerio episcopal como arzobispo de Zaragoza

¡Gracias don Vicente!


‘Amoris officium’ (oficio de amor) es el lema que inspira el ministerio episcopal de D. Vicente.

Tras casi seis años de intenso y fecundo servicio en Zaragoza, D. Vicente Jiménez Zamora se despide de la Archidiócesis en una misa que se celebrará en la catedral basílica del Pilar el hoy domingo, 15 de noviembre, a las 17.00 horas, y que sera trasmitido por Cadena de la Paz Radio 91.7 FM Zaragoza y en todas nuestras plataformas.

El que ha sido hasta ahora nuestro Arzobispo, se presentaba ante nosotros, “animado por el
amor del Buen Pastor que da la vida por las ovejas, urgido por la caridad pastoral”. Lo quería expresar con su agustiniano lema episcopal “amoris officium”, servicio de amor, apacentando la grey del Señor. Ahora, en estos días de despedida, es buen momento para reconocer y agradecer su servicio de amor.
D. Vicente se ha esforzado por llegar a todo y a todos. Por la visita pastoral o por otras circunstancias, ha llegado a casi todas las parroquias y comunidades de la Diócesis. Ha tenido siempre una dedicación especial hacia los sacerdotes, expresada por su cercanía personal con cada uno y velando siempre por el incremento de la vida espiritual de todos. Él mismo ha dirigido todos los años retiros espirituales para
nuestros sacerdotes. Ha llevado muy personalmente, con la colaboración estrecha de los
formadores del Seminario Metropolitano, la promoción y cultivo de las vocaciones al sacerdocio tanto de jóvenes como de niños, reabriendo el Seminario Menor. En los años de estancia en Zaragoza ha ordenado a 26 nuevos sacerdotes diocesanos y algunos religiosos. Ha instituido el diaconado permanente, contando actualmente con tres diáconos.
CRISTIANOS EN EL MUNDO
La solicitud pastoral del Arzobispo se ha dirigido también
a los laicos, hombres y mujeres que, desde su conciencia y
compromiso como seglares en
la Iglesia, junto a los miembros
de vida consagrada, mantienen
vivos y operantes los organismos de la pastoral diocesana:
consejos, movimientos, asociaciones, cofradías, hermandades y curia diocesana. Con su
aliento se ha ido ejecutando el
Plan Pastoral que, en este año
lleno de incertidumbre y necesidades, se concreta en intentar
ser ”Una Iglesia diocesana con
corazón en tiempos de pandemia”, encabezando el propio D.
Vicente la iniciativa de recoger
fondos para atender a las necesidades más urgentes de la
Diócesis. Iglesia con corazón,
que ya viene expresando su vertiente caritativa y social a través
de las organizaciones eclesiales
dedicadas a esa finalidad, gracias a la generosidad y entrega
constante de nuestros fieles
cristianos.
Con ilusión y celo de pastor y
maestro, D. Vicente ha seguido
la acción catequética dirigida
a niños, jóvenes y adultos y la
preparación de un directorio
que aune y oriente el trabajo de
nuestros catequistas. Ha querido caminar con los jóvenes en
sus encuentros, acompañar el
descanso de los ancianos, dar
fortaleza en el dolor a los enfermos y valorar los diversos
medios de anunciar el mensaje
cristiano: en el aula, en los medios de comunicación y en otros
foros. Ha solicitado la oración
callada y constante de la vida
religiosa contemplativa para
que el Señor haga crecer nuestra siembra de Evangelio.
ENTRE EL PUEBLO FIEL
Desde el primer momento de
su estancia entre nosotros ha
querido estar “arrimado” a la
Virgen del Pilar. La llevaba en
el corazón desde niño. Conoce
bien, como buen hijo de Ágreda, la descripción que la venerable madre sor María Jesús hace
de la Venida de la Virgen a Zaragoza. Cuántos días, a la caída de
la tarde, le hemos visto acudir
a la Basílica, y allí, en silencio,
confundido entre el pueblo fiel,
presentar ante la imagen de la
Virgen sus cuitas, de satisfacción, de dolor, de cansancio, de
afán evangelizador.
Querido D. Vicente, ha vivido estos años con intensidad,
afrontando con entereza los
momentos de dolor, que no han
faltado, pero con la satisfacción
del deber cumplido. Ha llegado
la hora de la despedida, como
nos dice en su carta, aunque seguirá viviendo en Zaragoza; sobre todo, vivirá en el recuerdo y
afecto de muchas personas que
le han conocido y de muchos
que le hemos tenido como pastor y amigo. Queremos que nos
tenga presentes en su oración
reposada del sereno atardecer,
para que nuestra Iglesia de
Zaragoza, caminante, haga el
camino hacia Dios.

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